Patrimonio vallenato son… los cantos de Marina Quintero

Patrimonio vallenato son los cantos que antaño acompañaban las faenas de vaquería, los correos verbales que llevaban de un pueblo a otro los acordeoneros trashumantes, los versos poéticos que expresan sentires, formas de amar, de olvidar, sufrir y de vivir; son nostalgias y alegrías, conflictos que se resuelven con cantos; realismo e imaginación; son la caja, la guacharaca, el acordeón y la guitarra; el paseo, el merengue la puya y el son; son ríos y montañas; versos y poesía; rituales de amistad amenizados con cuentos y cantos; las tradiciones musicales que fortalecen la identidad regional común, la cohesión social, la nutrición anímica.

 

Patrimonio vallenato son los versos de Poncho Cotes Jr., Calixto Ochoa, Leandro Díaz, Adolfo Pacheco, Nafer Durán, Wicho Sánchez, Fernando Meneses, Poncho Cotes maya, Emiliano Zuleta y Freddy Molina; cantos como ‘La última historia’, ‘Lirio Rojo’, ‘Matilde Lina’, ‘El viejo Miguel’, ‘Sin ti’, ‘Penas negras’, ‘Momentos de amor’, Almas felices’, ‘Tardes de verano’, ‘Mañanitas de invierno’ y ‘Tiempos de la Cometa.

 

Patrimonio vallenato son esas personas que se entregan en vida y alma a cuida, amar, analizar, transmitir, escribir, promover o cantar este folclor. Patrimonio Vallenato es Marina Quintero Quintero, una mujer cuya humanidad entera huele a eso: “A mañanitas de corral, a ron de patio y a noche veranera; a música de la memoria, cultura popular; a paseo, merengue, puya y son; a música, ritmo y baile; historias que relatan la intimidad de la condición humana…”, tal como concibe ella esta música del alma.

 

Y en concordia con lo que ha sido su existencia, se le ha visto estos días por diferentes pueblos presentando otro de sus hijos, hecho a su imagen y semejanza: ‘Patrimonio Vallenato Son’, una producción musical que encierra, desde el material del producto hasta las sensaciones que genera en el alma, la esencia de eso que hoy es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que ella con su vida y su obra está salvaguardando. Y se ha visto, por enésima vez, a su corazón llorando por la esencia y la ausencia de Freddy Molina, por esa última parranda de Poncho Cotes, por las notas de ‘Naferito’…

 

Una producción musical cuidadosamente pensada, con el inigualable acordeón de Hildemaro Bolaños y la producción de Lukas Quintero, un licenciado en música, quien además es guitarrista, director y cantante. Una producción que es en sí un documento de investigación, ilustrado con imágenes de sus protagonistas, fragmentos de las canciones y pequeñas crónicas de la autoría de Rafael Escalona, Gabriel García Márquez y de ella, Marina.

 

Es un disco con memoria, cuya gestación duró más de dos años, sumados a medio más en los estudios de grabación cantando y llorando las canciones, encontrándose con ellas, que son sus recuerdos y su historia propia; teniendo que decidir cuáles incluir en este trabajo. “Fue doloroso la escogencia”, pero concluyó -con sosiego- que ellas tendrán su tiempo.

 

Motivaciones abundantes tiene Marina para haber hecho lo que hizo: “Hay que contarle a la gente que no sabe por qué la música vallenata está reconocida por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad; tenemos que contarles las razones por las cuales esta música esta exaltada a nivel internacional, y hay que comenzar por los seres humanos, por los músicos, por los autores, no solo por las letras de las canciones, también por ese aporte de humanidad que hay en cada una de ellas; entonces tenemos que exaltar a nuestros grandes músicos, tenemos que exaltar la canción y tenemos que contarle a la gente porqué esto tiene un valor histórico contundente. Ellos son como señales de caminos de la humanidad por los tiempos; de ellos habrá que hablar hoy, mañana y siempre”.

 

Y lo seguirá haciendo. Eso puede predecirse tan solo con verla hablar de esta pasión, llamada música vallenata, con la que estableció conexión “desde que comencé a respirar”. Fue en Ocaña, Norte de Santander, donde tuvo lugar su nacimiento. Allá la llevan sus recuerdos más arcaicos y logra verse chiquitica, entonando cantos de Don Toba (Tobías Enrique Pumarejo), Alejo Durán y Rafael Escalona, sin saber quiénes eran los autores, pero incorporados completamente a su entorno social y geográfico, a la cotidianidad de sus días. Fue así que cuando se encontró con los autores ya había establecido una relación intrínseca con sus obras.

 

Fue una relación que se consolidó cuando debió viajar de Ocaña para Bogotá y allá no encontraba sus sonidos ni en el entorno ni en el dial; entonces se dio cuenta que estaba fuera de su contexto y buscó la forma de recrear un nicho de vallenatos en la capital del país. Se compró una radiola en mil pesos y se convirtió en una compradora de discos, para amenizar sus tiempos. Entonces se sumergía en las canciones y escribía cartas a todos los depositarios de su afecto. “Fueron tiempos importantes para mí” asegura.

 

Han pasado muchos años y Marina Quintero Quintero es hoy un referente obligado en lo referente a investigación de la música vallenata; una analista y conferencista excepcional; una cultura de ideales para ver, sentir y apropiarse de este legado inmaterial. Hace 33 años dirige el programa ‘Una voz y un acordeón’ en la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia, llegando cada viernes a siete departamentos. Sus aportes investigativos se encuentran en la historia académica de los festivales vallenatos y folclóricos más reconocidos, entre ellos el Festival de la Leyenda Vallenata, al que ha asistido 34 años ininterrumpidamente. Cuenta con seis libros publicados y este es su disco número seis, sin contar otras grabaciones en las que ha participado y algunos desconectados.

 

Pero su más grande contribución patrimonial es su vida, ejemplo de lo determinante que resulta escuchar a los mayores: “Había que conocerlos y escucharlos para saber de qué se trataba el asunto”; de conocer y ubicarse en su legado histórico, de entender que “la música tiene memoria y te va ubicando en los lugares de tus tiempos y llena de ilusiones, añoranzas, sueños y recuerdos el espíritu. Y de eso se puede vivir”.

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