Orígenes mágico/geológicos del territorio Caribe Colombiano

 

“Primero estaba la madre. Se llamaba Gaulchiváng. La Madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era Alúna. Ella era espíritu de lo que iba a venir y era pensamiento ymemoria”.

 

Mito Kogi de la Creación.

Sierra Nevada de Santa Marta. Colombia.

 

El Padre, aún, no había creado a los primeros seres humanos.

Todo el futuro estaba en pensamiento, en espíritu,  en Alúna.

El mar lo bañaba todo.

 

La corteza de la tierra se había fracturado en varias partes.  Por esas fisuras abiertas en las profundidades del mar, la lava que venía  rugiendo del centro del planeta, liberada de la costra endurecida del fondo de los mares que la aprisionaba, comenzó a fluir, mientras se enfriaba y solidificaba al contacto con el agua.

 

La gran fuerza generada en los profundos e insondables abismos marinos empujó en borbotones capa tras capa de rojiza materia incandescente hacia la superficie de los mares, hasta cuando emergieron de las aguas grandes volúmenes de lava solidificada, las cuales darían origen a las nuevas tierras.   

 

De esta manera, miles de millones de años atrás, el primer gran continente del planeta (Pangea), surgió desde el fondo de los mares, fracturándose  posteriormente en varias partes, las cuales se separaron y alejaron, sometidas a fuerzas gigantescas.

 

Cuenta la tradición oral precolombina de la cultura TAYRONA, conservada y transmitida durante más de 3000 años por los MAMUS (sabios) de las etnias  KOGI y ARHUACA,  comunidades indígenas asentadas en el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta, que, en el lugar donde millones de años antes se formó la gran cuenca del mar Caribe, KAKU  SERANKUA (Padre Serankua) -  ‘El Dios de todos’. ‘El Padre creador’ - desde el pensamiento (Alúna),  entretejía los hilos de su sabiduría, para crear nuevas tierras donde solamente existían mares. 

 

Al terminar la lluvia eterna y disiparse las nubes, brilló frente al Padre Sol, - llamado KAKU BUNKUAKUI, ‘El ojo del mundo’ - una alargada isla conformada por rocas y arenas doradas, situada en medio del fulgor verde-azuloso de lo que sería el mar Caribe.

 

Desplazada por el poderoso pensamiento de SERANKUA, la isla se movió hacia el oriente, hasta quedar anclada  en medio del mar.

Luego, KAKU  SERANKUA, con la fuerza infinita de su mente, ordenó separarse de una lejana cordillera situada muy al sur (la actual Cordillera Central de Colombia),  a una gigantesca montaña con forma de caracol. 

 

Obedeciendo a su conjuro, la gran montaña se alejó flotando sobre las corrientes de magma y  se internó en el mar; desplazándose lentamente, en una trayectoria de  arco, viajó hacia el norte y luego giró al oriente, hasta encajarse contra la isla arenosa.

 

Millones y millones de años después, cuando fueran creados los seres humanos, esa montaña  sería el lugar en el cual, eternamente, se rendiría culto a su presencia omnipotente.

 

Después, SERANKUA ordenó la elevación de otras tierras. El fondo del mar se estremeció. Las olas se abrieron y de sus profundidades se levantó una amplia faja de tierra cenagosa que posteriormente se transformó en una inmensa llanura – la gran planicie del Caribe colombiano - la cual, rodeando  por el occidente y el sur  a la base de la montaña con forma de caracol, se extendió hacia el oriente, hasta amarrarse firmemente a la parte sur de la antigua isla dorada, conformando de esta manera, un solo territorio y convirtiendo a la isla en una alargada península.

 

Sobre la desnuda superficie de rocas y arena, SERANKUA extendió sucesivas capas de tierra blanca, tierra amarilla y tierra roja. Sobre cada capa de tierra esparció semillas, pero estas no produjeron plantas.

 

Después lo cubrió todo con una capa de fértil tierra negra – SEINEKANATI  - y esparció nuevamente en ella  las semillas.

 

Las semillas, recibiendo las bendiciones del Padre Sol, KAKU BUNKUAKUI,  brotaron y se multiplicaron, llenando todo el territorio con una lujuriosa y colorida vegetación  tropical plena de variados  tonos de verde, rojo, ocre y amarillo. Una verdadera sinfonía de colores,  enmarcada, al norte, por las verdes, azules y tibias aguas del  mar Caribe.  

 

Con la creación de esta planicie, KAKU  SERANKUA, el Gran Arquitecto,  dio por terminado su más importante trabajo. Había construido una de las maravillas de la creación: La plataforma continental de la futura región Caribe colombiana, situando en ella a la montaña más alta del mundo a orillas del mar, llenándola de grandes ríos, ciénagas, zonas inundables, sabanas y selvas profundas. En la línea costera o litoral, había creado bellísimas y extensas playas de brillantes arenas, bahías, ensenadas, manglares, islas y archipiélagos rodeados de arrecifes coralinos y una inmensa península desértica de inigualable belleza.

 

Estas serían las tierras que, en un futuro lejano, frente a las mágicas aguas del  mar Caribe, delimitarían la parte  norte del  inmenso continente que sería llamado Suramérica.

 

Por último, desde muy alto, observando la maravillosa explosión de colores creada en las nuevas tierras, KAKU SERANKUA sonrió picarescamente en pensamiento (Alúna) y como un pintor juguetón, firmó orgullosamente su obra, agregando sobre la cadena conformada por los más altos y majestuosos picos de la “montaña – caracol”, unas fulgurantes pinceladas de nieve, para convertirla, por siempre, en la Sierra Nevada.

 

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NOTA: En el presente relato se integran  la historia geológica de la Región Caribe colombiana y la tradición oral narrada por los Mamus Arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta. ¡AMBAS VERSIONES SON REALES!  

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