Reacciones a la crisis de las canciones inéditas

Nunca en este medio había decidido hacer una segunda parte de una columna. Pero creo que esta vez se hace necesario, no tanto para conocer otros argumentos míos, sino algunas reacciones de voces solidarias con mi crítica a la crisis del concurso de canciones inéditas en el Festival de la Leyenda Vallenata que también es extensiva a  los más de cien festivales del género que se organizan en el país. 

Como recordarán, en mi columna de la semana anterior hacía alusión al  formulismo exacerbado, el lugar común, el oportunismo temático y la falta de creatividad de las canciones que se presentan en dicho festival y que se evidenció en la reciente versión rey de reyes en Valledupar.

Lo bueno de todo esto es que hay un clamor de varios actores involucrados en la música y cuyas voces de protesta no deben soslayarse por parte de los organizadores de festivales.  Voces autorizadas que se sienten hastiadas de ese formato festivalero que es un homenaje a la repetición y a los temas y recursos retóricos ya desgastados.   

 

El fecundo compositor Rafael Manjarrés respondió a mi columna lamentando    “la crisis de fondo en el tema de las canciones inéditas”, reitero que si bien Manjarrés en su canción “Ausencia sentimental” usó lo que él llama “una narrativa citando personajes y sitios geográficos de reconocido escalamiento tradicional”, en su momento esa era novedad y creatividad. Eso tenía su impronta y sirvió como clásico. Pero lo clásico se vuelve molde y no es de él la culpa que ese molde lo sigan usando. Eso, para  el mismo Rafa:   “denota pobreza de iniciativa y de incapacidad de gestar propuestas de contenido, es el acto repetitivo de recurrir a lo ya hecho”.

 

También se suma al reclamo Alberto Salcedo Ramos, el mejor cronista del país y cuyos reportajes sobre personajes de la vallenatía han sido laureados.  En sus comentarios a mi columna  se queja de lo artificioso de  “esas canciones festivaleras (que) suelen ser una oda al bostezo: cansonas, hechas para ganar indulgencia de los organizadores. Incluso diría que son hipócritas”.

 

Se unió al coro de inconformes Arminio Mestra, periodista, vallenatólogo y docente de la Universidad Distrital de Bogotá,  quien comentó que en los festivales se están presentado canciones  “Aquí lo que hay es  una estética banal, esa que los medios de información, venden y promueven. Sin el contenido y la creatividad que reclamamos”. Mestra Osorio se atreve a llamar este tipo de canciones que se precian de ser “ortodoxas” como    de la pos-verdad en el vallenato por estar “precisamente elaborada de eslogan, la frase corta, de promesas, de advertencias, consignas, sin la mínima participación de figuras literarias”.

 

Desde Barranquilla, el crítico literario y autor de varios libros y ensayos sobre música vallenata,  Ariel Castillo Mier nos comenta que en estas canciones festivaleras impera  “el juego de las formulitas supuestamente folclóricas y el nacionalismo barato”. Y señala “Tan culpables son los oportunistas compositores como los jurados sin criterio”.

 

Esta última reflexión de Castillo es la que nos obliga a quienes hoy sentamos una postura de protesta, a enviar el mensaje a los organizadores de festivales para que antes de abrir convocatorias definan unos criterios que impulsen canciones que no se limiten a los temas y fórmulas desgastadas. Buenas canciones es lo que se debe privilegiar, no tiene que estar anclada temáticamente necesariamente a la localía. Los congresillos técnicos con los jurados y participantes, que yo sepa, solo se hacen en el Festival Francisco El Hombre de Riohacha. Si lo hicieran, los jurados tendrían criterios claros para definir hacia donde se debe llevar a los concursantes, darles mayor libertad para que impere la creatividad.     

 

El reto que se impone es salir del círculo vicioso en el que han caído los actores de los concursos de canción inédita,  en el que los compositores dicen que solo presentan canciones ortodoxas y costumbristas llamadas “festivaleras” porque son las que el jurado premia y los jurados alegan que lo hacen porque los autores no presentan otro tipo de canciones. No se trata del tema, porque siempre serán los mismos,  se trata de cómo se presentan. En suman,  se buscan buenas canciones para los festivales y buenos festivales para las canciones.

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