¡A escuchar... Los ancestros hablan!

En la antigua Grecia, existían diosas que representaban la manera en que los griegos concebían la vida y todo lo atinente a ella, como la creación del universo, de los seres humanos, las connotaciones de guerra, la fertilidad, la maternidad, el amor, la muerte. Había diosas que ejercían una determinante autoridad sobre todos los asuntos; eran diosas de la sabiduría o el conocimiento e influenciaban el mar, la luna y el sol. Como testimonio de ello, hoy perduran rituales que miles de personas acuden a estas deidades, representadas con efigies de mármol, medallitas que se cuelgan en el cuello, estampitas que amarran en las cabeceras de los espejos y otras simbologías, para entender circunstancias de su vida, a la luz de lo que ellas ‘hablan’.

 

Existe una diosa en nuestros días, que no tiene una efigie ni data de tiempos inmemoriales, no es griega ni romana, no se llama Venus, ni Atenea, ni Deméter; pero igual que aquellas, es sabia, engendra procesos de connotación cultural y alienta la fertilidad de su territorio, el cuidado amoroso y maternal por la humanidad. La de hoy es Diosa de la Sierra, una mujer de carne y hueso, de espíritu y alma, fecundada, parida y criada en las montañas de la Sierra Nevada, desde donde esparce su bien..

 

Le pusieron Yolanda Genith por nombre y le correspondió llevar Arias Maestre como apellidos, pero en toda la comarca es conocida como Diosa de la Sierra, la poetisa kankuama con más de 300 obras, la maestra de literatura y lengua castellana, la gestora cultural que teje alianzas con los hilos que construyen país, que conectan sociedades. En su quehacer va encontrando aliados; son personas tan apasionadas y aguerridas como ella, que avanzan en la vida por rutas similares y deciden juntarse para fortalecerse en esa tarea cuyo sinónimo es bienestar social.

 

Una de esas personas es Graciela María Morillo Araujo. ¡Y por algo se llama Graciela! Su nombre tiene raíces en el vocablo latín ‘gratia’ que da cuenta de lo grato, lo agradable o “Aquella que es agradable”. ¿Habrá algo tan agradable como la poesía, que es la vida misma, que es el alma que hace palpitar el corazón del mundo, que habita en lo sencillo, lo cotidiano, las nostalgias y las alegrías, en la luna y en el sol?

 

 

Por la fuerza del cariño quedó sintetizada en Gachita, que le suma la simbología malagueña de los mimos que se le hacen a un niño como expresión de cariño o simpatía, características innatas de la gente de La Paz, en el Cesar, tierra de sus padres David Morillopez y Atenice Araujo, aunque su nacimiento haya tenido lugar en Bogotá. Graciela es poetisa desde que tiene memoria, pues de niña la leía y ya en la adolescencia comenzó su proceso creativo que la enamoró cada vez más de la lírica. Ligó a ello su ser y también su quehacer, que es una amalgama de actividades que realiza como psicóloga, investigadora y defensora del folclor vallenato; con estudios de escritura creativa, desarrollo psicosocial del adolescente, derechos humanos, sexuales y reproductivos.

 

 

El encuentro de estas dos mujeres fue una de esas bonitas conspiraciones del universo, de Dios en todas sus concepciones, del Kaku Serankua de la una, de San Francisco de Asís de la otra; de sus ideologías y fuerza femeninas, de la convicción de que los sueños compartidos desembocan en realidades más bonitas.

 

El sueño es salvaguardar la cultura, el arte y la literatura en las estribaciones de la Sierra Nevada y pueblos del Caribe colombiano; para lo cual crearon la Corporación Cultural Voces de la Sierra, que tiene como slogan ‘Los ancestros hablan’. “Los mitos de origen de los indígenas de la sierra Nevada conciben a sus cuatro etnias provenientes de un mismo seno: “la gran Madre universal creó el mundo y tras ese acto primigenio parió a sus cuatro hijos; a cada uno fue dejando en un lugar diferente de la Sierra Nevada. Cada uno tuvo entonces su territorio propio, su vestido, su lengua, sus atributos y elementos para regresar a su seno: la conciencia de un origen común, el rito del pagamento y la celebración de las fiestas”, expresan.

 

Con esta corporación emprenden acciones para mejorar el desarrollo y la calidad de vida en los pueblos de la Sierra, defender sus valores y derechos constitucionales, fortalecer la cultura mediante procesos de formación, rescatar y proteger los elementos simbólicos y culturales y otras acciones; todo, con un énfasis sociocultural, ecológico, artístico y literario.

¿Y qué mejor forma de aterrizar y orientar todas estas acciones, que acudiendo a las voces de los que saben; prestando atención a aquello que dicen los ancestros, como lo hacían y siguen haciendo los devotos de las diosas griegas?... Pero ¿cuál es la voz de los ancestros, dónde y cómo se escucha?

“La voz de los ancestros es la voz de mi intuición, la parte más importante de nuestra voz interior. Es la voz de nuestros ancestros ya muertos, de nuestro árbol en su versión más sana, luminosa y sabia; la voz que nos guía ante percepciones y señales que se van presentado en el camino de nuestra existencia humana. En conclusión, la voz de nuestros ancestros es la antorcha encendida en nuestro interior, que sin ella nuestras vidas seria inciertas”, sintetiza Diosa de la Sierra.

“Escuchar a los ancestros significa escuchar la voz de mis abuelos a través de las historias de mi madre, es escuchar las voces de  la gente amable de nuestros pueblos, es tener conciencia de su sabiduría, es reconocer que cada persona en el mundo y su sentir es importante. Es comprender que la humanidad avanza en un sentido, pero si dejamos de escuchar las voces de los ancestros ese avance perderá sentido, pues sin humanidad no seremos nada”, resalta  Graciela Morillo y añade que “lo que nos hace grandes es nuestro sentido de humanidad, de hermandad. La grandeza del ser humano es la humildad, entendida como darse al otro; sin malicia, sin codicia, sin afán. La grandeza y el éxito del  ser humano no es tener sino ser. Y mi sueño es que a través del arte y la poesía retomamos esos momentos de unidad, compañía, empatía  y paz”.

 

Esta voz ancestral se escuchará este miércoles 28 de noviembre, a partir de las cuatro de la tarde, en el tercer piso de la Biblioteca Rafael carrillo Lúquez, en Valledupar, a donde concurrirán poetas de diversos puntos de la geografía nacional; entre ellos José Atuesta Mindiola, de Mariangola; Leonardo Maya Amaya de la Junta Guajira; Yadira Vega, de San Juan del Cesar; Yolaida Padilla, de San Diego; Wladimir Pino Sanjur, de Tamalameque; Leonardy Pérez Aguilar, de la Jagua de Ibirico; Ricardo Antonio Arias, de Valledupar; Víctor Manuel Mejía, de Fonseca Guajira; Federico Santo Domingo, Director de la Revista María Mulata de Barranquilla; Osvaldo Cantillo, de Barranquilla; Gonzalo Alvarino Montañez, de Cartagena; Raúl Padrón Villafañe, de Bogotá; Nei Díaz, de San Jacinto Bolívar; Delfín Sierra, de Ciénaga Magdalena. Los poetas cantores Rita Fernández Padilla, Santander Durán Escalona, Gustavo Gutiérrez Cabello, Sergio Moya Molina y Aberto Beto Murgas. Habrá grupos de gaita y chicote y una exposición artística a cargo del colectivo UPAR- 2018.

 

En la coordinación de todo están ellas, Diosa y Gachita, quienes además de los talentos, cargos y procesos ya mencionados, tienen unas extensas hojas de vida, con vivencias que tocan al ser y le prodigan bienestar.

 

Diosa es coordinadora del pueblo kankuamo ante el parlamento internacional de escritores, representante de los cuatro pueblos de la sierra nevada ante el Consejo Municipal de Cultura de Valledupar, delegada del pueblo kankuamo ante la Organización nacional Indígena de Colombia – ONIC, representante del pueblo kankuamo ante la Asamblea de Delegados y de Autoridades de comunidades indígenas de la Sierra. Incluida en el álbum de la Academia de Historia del Cesar.

 

Graciela se desempeña en el sector educativo, como psicoorientadora, ha participado en proyectos de escritura creativa y actualmente lidera un proyecto de formación de ciudadanía, reconciliación. Es coautora del libro ‘Narraciones y cantos al son del cesar’. Es Integrante del Parlamento Internacional de Escritores de La Costa, en el cual se desempeña como coordinadora de Valledupar y La Paz, dirige la revista institucional ‘Talentos’ y integró la asociación de poetas del César ‘Valle de Poesía’.

 

Así las cosas, sólo resta que llegue el día y la hora para agudizar los sentidos, porque conviene escuchar cuando los ancestros hablan.

 

 

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