Sic Itur Ad Astra - Así se va a las alturas

 

"Ahora que ya puedes volar te puedo diseñar un buen par de alas".

Anónimo.

 

Ícaro es el primer accidente aéreo reportado en  todo el mundo; es bien conocida esta historia de la mitología griega por todos los entusiastas de la aeronáutica. Pocos se imaginan cuán actual es hoy día, a pesar de que los hechos narrados “ocurrieron” cientos de años antes de que el primer avión despegara del suelo, venciendo la fuerza de la gravedad y en control total de un humano. Esa misma fuerza que nos tenía esclavizados a permanecer en la superficie terrestre, envidiando a los pájaros que se paseaban majestuosos y altaneros por encima de nuestra enorme cárcel terrenal.

 

El hombre no fue creado para estar preso, sino para ser libre. Nunca se iba a resignar a estar encadenado al suelo debajo de sus pies, mirando al cielo y deseando poder estar allá al lado de las aves voladoras.

 

 Aquí hay dos protagonistas; uno es mucho más conocido que el otro.

 

Ícaro: violo todos los reglamentos aeronáuticos, las advertencias y los manuales de vuelo del fabricante; es el ejemplo de todo lo que un aviador NO debe ser. Refleja el ímpetu de la juventud, la sensación de libertad y de poder; ese poder que se siente cuando estas volando y te nubla la razón el pensar que tienes una mano divina, cuando ya empiezas hacer maniobras atrevidas y aterrizajes suaves sobre las pistas asfaltadas o en cualquier playa deshabitada.

 

Dédalo: un genio brillante, diseñador y constructor de todo tipo de artefactos. Prudente y con un enorme amor por su hijo (que no tenía ni sombra de la genialidad de su padre). Con un pasado oscuro llevado por ese tremendo ego que tienen algunos maestros que no resisten la idea de que  algún día puedan ser superados por sus alumnos.

 

El héroe de la aeronáutica no es Ícaro, es dédalo. Es el personaje a imitar por aviadores y aún más por los ingenieros aeronáuticos.

 

Estos ingenieros son conscientes de que sus inventos y diseños pueden causar  alegrías o tristezas. Se esfuerzan cada día porque sus trabajos sean cada vez mejores, ignorando la tentación de creerse infalibles. Siempre estudiando, practicando, ensayando y volviéndolo hacer mil veces más para mejorar y volver a mejorar lo que ya había mejorado el día anterior, sabiendo que un error en sus cálculos pueden causar una gran tragedia.

 

Dédalo era el arquitecto, artesano e inventor muy hábil que vivía en Atenas. Aprendió su arte de la misma diosa Atenea. Era famoso por construir el laberinto de Creta e inventar naves que navegaban bajo el mar. Se casó con una mujer de Creta, Ariadna, y tuvo dos hijos llamados Ícaro y Yápige. Hoy día podríamos compararlo con Burt Rutan, Wernher von Braun, o Kelly Johnson

 

Su sobrino Talos era su discípulo, gozaba del don de la creación, era la clase de hijo con que Dédalo soñaba. Pero pronto resultó más inteligente que el mismo Dédalo, porque con solo doce años de edad invento la sierra, inspirándose en la espina de los peces; sintió mucha envidia de él tras compararlo con su hijo.

 

Una noche subieron el tejado y desde allí, divisando Atenas, veían las aves e imaginaban distintos mecanismos para volar. Ícaro se marchó cansado, y después de engañar Dédalo a Talos, lo mató empujándole desde lo alto del tejado de la Acrópolis. Al darse cuenta del gran error que había cometido, para evitar ser castigado por los atenienses, huyeron a la isla de Creta, donde el rey Minos los recibió muy amistosamente y les encargaron muchos trabajos.

 

El rey Minos, que había ofendido al rey Poseidón, recibió como venganza que la reina Pasifae, su esposa, se enamorara de un toro. Fruto de este amor nació el Minotauro, un monstruo mitad hombre y mitad toro.

 

Durante la estancia de Dédalo e Ícaro en Creta, el rey Minos les reveló que tenía que encerrar al Minotauro. Para encerrarlo, Minos ordenó a Dédalo construir un laberinto formado por muchísimos pasadizos dispuestos de una forma tan complicada que era imposible encontrar la salida. Pero Minos, para que nadie supiera como salir de él, encerró también a Dédalo y a su hijo Ícaro.

 

Estuvieron allí encerrados durante mucho tiempo. Desesperados por salir, se le ocurrió a Dédalo la idea de fabricar unas alas, con plumas de pájaros y cera de abejas, con las que podrían escapar volando del laberinto de Creta.

 

Antes de salir, Dédalo le advirtió a su hijo Ícaro que no volara demasiado alto, porque si se acercaba al Sol, la cera de sus alas se derretiría y tampoco demasiado bajo porque las alas se les mojarían, y se harían demasiado pesadas para poder volar.

 

Empezaron el viaje y al principio Ícaro obedeció sus consejos, volaba al lado suyo, pero después empezó a volar cada vez más alto y olvidándose de los consejos de su padre, se acercó tanto al sol que se derritió la cera que sujetaba las plumas de sus alas, cayó al mar y se ahogó. Dédalo recogió a su hijo y lo enterró en una pequeña isla que más tarde recibió el nombre de Icaria.

 

Después de la muerte de Ícaro, Dédalo llegó a la isla de Sicilia, donde vivió hasta su muerte en la corte del rey Cócalo... Texto en: dedaloeicaro2.blogspot.com.

 

 

El referente 

 

Sic Itur Ad Astra eran las palabras que me decía un sacerdote muy amigo de la casa, cada vez que me veía y con quien hice mi primera comunión a la tierna edad de 10 años. Él sabía muy bien que pese a las oraciones de mi madre para que fuera un sacerdote yo sería un aviador o un ingeniero.

 

El padre José Manuel Castañeda  decía que me quería como a un hijo. Años después lo demostró, al ir conmigo y abogar en mi favor cuándo tuve un accidente, ya en mi adolescencia. Fue en un carro que andaba por impulso de una hélice que era movida por un pequeño motor y llantas de bicicleta. Lo había hecho mi amigo Augusto Ovalle en Villanueva (La Guajira). Luego de unas modificaciones lo llevamos a Valledupar (Cesar) en un viaje épico de 4 horas de carretera.

 

No faltaron los miles  de regaños por  parte de nuestras madres, dado el peligro que eso conllevaba, aunque para nosotros fue más o menos como la Odisea de Homero.

 

Ese cura  me conto sobre el mito de Ícaro. En esa época yo no entendía el motivo por el cual Ícaro era más famoso que Dédalo que era el que realmente había hecho todo bien .él decía que aunque Dédalo era el referente de la ingeniería actual, Ícaro también era un referente y un ejemplo para que nosotros podamos de alguna manera frenar ese ímpetu de la juventud. Ese muchacho  al no acatar las enseñanzas y los consejos de su padre, pago con su vida ese error, causando un gran dolor en su progenitor. Eso lo entendí muchos años después al mirar atrás y ver como en nuestro afán de encontrarle sentido a la vida no medimos  el peligro.

 

*Guillermo Elkin Casalins Camacho

Ingeniero aeronáutico de la Fundación de investigaciones aeronáuticas

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