• Juan Rincón Vanegas @juanrinconv

“Durante cinco días me monté en el tren de la felicidad”, Rosendo Romero Ospino


‘El poeta de Villanueva’, agarrado por la nostalgia y metido de lleno en el silencio que otorga el recuerdo, presentó desde su punto de vista lo vivido durante el 54° Festival de la Leyenda Vallenata.



Por más de 120 horas el compositor Rosendo Romero Ospino con motivo de su homenaje en el 54° Festival de la Leyenda Vallenata hizo un bello recorrido en el tren de la felicidad, ese que lo llevó a diferentes puntos del corazón del folclor.


Así lo bosquejó teniendo su memoria en línea directa con sus sentimientos y un canto que nunca dejó de escucharse. Era la felicidad del poeta que siempre tenía la luna en la mira y era casi negado al saludar.


También el cantautor escondido en el contexto de las añoranzas al querer morirse teniendo las ilusiones rotas cuando estuvo atrapado en aquellas noches veraniegas. Además, se ubicó a un lado del sepulcro para no quejarse más de esa pena y poder resucitar con el poder de su inspiración.


Estando meditando como aparece en el afiche promocional, aceptó contar esos instantes que quedaron calcados para siempre en todo su ser.


Sin más preámbulos comenzó diciendo. “Describir ese homenaje del 54° Festival de la Leyenda Vallenata es algo glorioso para mí y mi familia. No esperaba tantos reconocimientos y efusividad de cariño. Por donde iba era recibido con todos los honores. Mi agradecimiento con el corazón en la mano es para la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, una empresa folclórica que hace posible que el vallenato tradicional siga vivo”.

Al contar ese detalle se regresó un momento y comentó. “Todo comenzó el día que me entregaron la noticia del homenaje y me mostraron el afiche. Mi corazón comenzó a palpitar con mayor fuerza. Siguió la visita a la Casa de Nariño donde el presidente Iván Duque Márquez, recibió a la delegación vallenata y pude interpretar varias de mis canciones. En este acto a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata le otorgaron la Orden de Boyacá, soberano reconocimiento a su gesta grandiosa”.


Después el maestro Rosendo Romero opinó sobre lo vivido al ser jurado del concurso de pintura ‘Los niños pintan el Festival Vallenato’, donde participaron 130 estudiantes de Valledupar.


“Esta experiencia resultó maravillosa porque se pintaron los cantos vallenatos comenzando por el acordeón, la caja, la guacharaca y lugares emblemáticos de Valledupar. Hay mucho talento entre los estudiantes de Valledupar porque en ellos está el despertar de la vida y la visión e imaginación creativa. Quiero felicitar a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata por este concurso que anualmente congrega a la niñez alrededor de nuestra amada música vallenata”.


Hizo una pequeña pausa y con el corazón en la mano bajó la vista para acumular esa importante historia. “La noche de la inauguración copó todo. Nunca en mi vida había recibido tantas estatuillas, tantos pergaminos y teniendo a mi lado a las más altas personalidades del país, a mi familia, también al alcalde de mi tierra Villanueva, a muchos artistas y ganándome los aplausos de miles de personas”.


En ese instante el poeta y soñador que ha tenido la virtud de unir versos y ponerles melodías para darle gloria al folclor vallenato, logró atesorar en su corazón todas las energías positivas. Además, esa memorable noche invitó a varios de sus colegas para que lo acompañaran.


“Desde que me hicieron el anuncio del homenaje dije que lo iba a compartir con mi familia, con mis paisanos y con todos los compositores de Colombia. Es así como me acompañaron a cantar en la tarima ‘Francisco el Hombre’ de la Plaza Alfonso López: Gustavo Gutiérrez, Fernando Meneses, Roberto Calderón, Rafael Manjarrez, Marciano Martínez, Reinaldo ‘Chuto’ Díaz, Deimer Marín; los cantantes Silvio Brito, Rafa Pérez y el Rey Vallenato Juan José Granados, entre otros”, anotó Rosendo Romero.


Total agradecimiento

El hijo de Escolástico Romero Rivera y Ana Antonia Ospino Campo, después de pensar como resumir en pocas palabras el homenaje recibido, manifestó. “Para mí lo puedo decir con conocimiento de causa que el Festival de la Leyenda Vallenata es el punto máximo de nuestra música. Ha sido como recibir el Premio Grammy en mi absoluta madurez que me permite apreciar con mayor amplitud este gesto”.


Esta vez, como en su canción no le sobraron las palabras al poner de presente el total agradecimiento. “Este gesto no me hizo superior a los demás, sino que canalicé el cariño sentido en los distintos lugares donde estuve presente. A esto le sumamos los medios de comunicación y redes sociales. Ese cariño no tiene precio”.


‘El poeta de Villanueva’, sigue con esa sonrisa que aparece solamente en momentos de gloria y nuevamente montado en el tren de la felicidad reflexionó sobre los vagones que nunca se detienen, así al maquinista le toque endulzar lo amargo de aquella vieja pena.


En este sentido lo que al célebre compositor nadie le advirtió era que extrañar tenía un alto costo y por eso pidió que ese famoso tren de la felicidad únicamente se detuviera en Villanueva, La Guajira.


Había una razón valedera, porque teniendo abierto el pentagrama de su pensamiento se acordó de su paisana a la que le cantó que por ella el mar se le hizo cielo, la ternura era su mejor fragancia y sus poemas calcaban las noches de su ausencia. De esa manera quiso llegar al mismo lugar donde nació y empezar de nuevo, sabiendo que nada es como ayer, especialmente las navidades, la época más linda de los años.


Al terminar de esbozar lo sucedido alrededor del homenaje recibido, se quedó unido a sus cantos que no tendrán nunca olvido, porque como en el amor todo es un cultivo.

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