• Mary Mosquera @mary.mosquera

El Paso, un nicho de tradiciones, resistencias y un pedazo de acordeón


El municipio de El Paso está poblado mayormente por comunidades afrodescendientes, como resultado de haber sido una extensión de tierra apta para la cría de ganado, hasta donde llegaban los grandes hacendados a criar y reproducir sus semovientes. Cuenta la historia que los españoles traían consigo negros esclavizados para trabajar en sus hatos.


Algunos de esos negros, agobiados por la carga laboral y el mal trato de sus amos, se escapaban a las laderas de los ríos o faldas de las montañas, en busca de sosiego o descanso; fue cuando empezaron tímidamente a poblar esa municipalidad, identificada en ese entonces como ‘El Paso del Adelantado’, que llegó a convertirse en lo que es hoy la puerta de entrada a una amplia región ribereña denominada ‘la Depresión Momposina’.


Este municipio, anclado en el centro del departamento del Cesar, es propietario de una inmensa riqueza cultural, folclórica, oral y natural, pues la condición de pueblo negro le adhirió al torrente sanguíneo una vibra particular que vive mutando permanentemente en alegría, baile, canto y fiesta.


La musicalidad intrínseca que pervive en cada uno de sus pobladores les ha permitido resistir las afecciones ocasionadas por la extracción del carbón, las elevadas temperaturas y devastadora ola de violencia que los arrinconó en ese extremo de la geografía cesarense.


Con todo ello, estas comunidades nunca perdieron las ganas de seguir recargándose de energía para direccionarla a la defensa de su cosmovisión, de sus seres y saberes, y en un acto de resiliencia, se propusieron año tras año rendir honor a ‘un pedazo de acordeón’, elemento que hace parte de la herencia vivencial de sus mayores y mayoras.


Hechos que marcaron el municipio


El legado histórico cultural del territorio ha estado marcado por diferentes acontecimientos, algunos alegres otros no tanto; uno de ellos: el deseo de algunos terratenientes de exterminar la comunidad y apropiarse del territorio, acción que derivó en la quema de las pocas viviendas construidas débilmente de paja y madera, obligando a sus habitantes a replegarse, a caer y levantarse de pie, para convertir ese suceso en parte de la oralidad histórica del pueblo.


‘La Candela Viva’ fue la obra musical que inmortalizó ese momento siniestro y trepó a la fama a un personaje tan pasero como la esencia y cadencia de sus tamboras. Alejandro Durán Díaz fue el encargado de contarle al mundo que ese pueblito, que al día de hoy no supera los 35 mil habitantes, vio hace tantos años qué, “la candela viva, viene caminando por el suelo”. Ese hecho se transformó en una de las piezas musicales más interpretadas, cantadas y bailadas en tambora y vallenato, por viejas y nuevas generaciones.


Personajes como los Serna, los Durán, los Díaz, los Martínez y los Hernández, alimentando sus dones y habilidades creativas, convirtieron en cantos de tambora las vivencias cotidianas, los dichos y costumbres, llevados y descargados en distintos formatos a diferentes escenarios, para el disfrute de la humanidad y la remembranza de las nuevas generaciones.


“Todos los paseros tienen relación con la música o con algún instrumento. Aquí hay compositores, cantantes, acordeoneros, cajeros, flauteros, decimeros, cantaoras, tamboreros etcétera”, expresó entusiasmado Nafer Durán Díaz, miembro de tres de las familias más numerosas de la localidad, donde solo se cuentan individualmente cinco genealogías distintas, que a la postre se combinaron con foráneos y vecinos.


En estos nichos de comunidades negras se dio esa autonomía musical como forma de resistencia a los sonidos colonizadores, para salvaguardar los ecos que interiorizaron desde el nacimiento.


Legado musical


El principal referente musical es la familia Durán Díaz, de la cual han heredado el legado hasta la séptima generación; en una menor cuantía los Serna, los Hernández y demás. El engranaje de dos vertientes musicales, tamboras y vallenato, ambas con una cuota instrumental de sonidos negros, las cantaoras de grupos de tambora y los conjuntos vallenatos de caja, guacharaca y acordeón, permitió la preservación de esos cantos y evitó que se ahogaran en el anonimato piezas musicales interpretadas en repetidas ocasiones como ‘La candela viva’, ‘Pajarito vola’, ‘La perra’, ‘Mi compadre se cayó’, ‘Dime por quien lloras’, ‘Plánchame la ropa’, entre muchas otras.


Hoy, esas nuevas generaciones paseras hacen el relevo generacional de esos cantos, incluyéndoles nuevos sonidos, más tecnología y una armonía moderna. César Botero es un joven de 24 años que integra, con miembros de su familia, el colectivo ‘Tambores de San Marcos’ hace más de 30 años. Esta agrupación representa al municipio en diferentes eventos; son ellos los encargados de salvaguardar, defender y difundir esa tradición musical, para que no se pierda y perviva en la memoria cultural y musical del municipio de El paso.

Festival Pedazo de Acordeón

Los paseros realizan desde hace 33 años el festival Pedazo de Acordeón, del 22 al 25 de abril. Por la importancia para el folclor y la representatividad ante el mundo por la defensa folclórica, es considerado Patrimonio Cultural e Inmaterial de Colombia. El festival premia a los mejores concursantes en las categorías de Acordeoneros infantiles, juveniles, aficionados, acordeonero completo, piquería, canción inédita en los cuatro aires, paseo, merengue, puya, son, y canción costumbrista.


Dentro del marco del festival, también se lleva a cabo la celebración de las fiestas patronales en honor a santo patrono de la localidad, San Marco Evangelista, en esta se desarrollan actividades de tipo religiosos, procesiones y cultos que han congregado históricamente a devotos de varias ciudades de Colombia.


La mejor temporada para visitar el municipio es en el mes de abril, para embriagarse con esos sonidos de tambor y acordeón, con melodías y letras que hacen vibrar de emoción a cuanto parroquiano se impregne de su esencia. Al cierre de las inscripciones de participantes, se confirmó la presencia de concursantes de departamentos como La Guajira, Cesar, Atlántico, Bolívar, Magdalena, Córdoba, Santander y Bogotá.


Homenajeados

Durante el festival se homenajeará la vida y aporte al folclor del chimichaguero Camilo Namén Rapalino y una exaltación especial a Jorge Naín Ruiz Ditta. A Namén Rapalino se le reconoce la habilidad y certeza que posee para componer canciones circunstanciales a cualquier motivo provinciano y convertirla en éxito; fue alcalde delegado en la tierra propietaria de ‘las bellas playas de amor’, Chimichagua.


Entre su centenar de composiciones se destacan ‘Recordando mi niñez’, ‘Recuerdos de mi pueblo’, ‘La ceiba del puerto’, ‘Encuentro con el diablo’, ‘Las canas de mi vieja’, ‘De la misma manera’, ‘Qué más te doy’, ‘El pechiche’ y ‘Mi gran amigo’, canción icónica por la connotación del triste suceso con la muerte de su padre y que marcó su vida.


De Jorge Naín Ruiz se puede decir que es un afrodescendiente pasero, abogado, enamorado de la música vallenata y difusor de la misma; es creador y conductor de ‘La Parranda con Naín’, a través de plataformas digitales, en el que destaca la labor de compositores, cantantes, acordeoneros, seguidores e impulsadores del folclor vallenato y su esencia.


Es también Ruiz Ditta compositor y cantante vallenato; en 1983 lanzó al mercado una producción musical con el acordeón de Miguel Ángel Ahumada; es docente, escritor y autor de cuatro libros, en los que la temática está fuertemente ligada a la música de acordeón.


Premiación


La premiación para la versión 33 del festival Pedazo de Acordeón 2022 asciende a 65 millones de pesos, los cuales serán distribuidos entre los tres primeros puestos en cada una de las categorías; los trofeos y recursos económicos serán entregados en tarima la noche que finalice el festival.


En la categoría acordeoneros infantiles se entregarán tres millones al primero, dos al segundo y millón 500 mil pesos al tercero; acordeoneros juveniles, cuatro millones al primero, dos millones quinientos mil pesos al segundo y dos millones al tercer puesto; acordeoneros aficionados el primer puesto recibe cinco millones, el segundo tres y el tercero dos millones quinientos mil pesos.


Acordeonero completo recibirán ocho, cuatro y tres millones de pesos, en su orden, primero, segundo y tercero. Para el concurso de piqueria se premiará con cuatro millones al mejor verseador, dos millones y medio al segundo y millón quinientos mil pesos al tercero.


El concurso de canción inédita premiará con dos millones quinientos mil pesos a la mejor composición en cada aire musical, paseo, merengue, puya y son; lo mismo que a la mejor canción costumbrista. Adicionalmente, se premiará la mejor canción que rinda honores a Camilo Namén Rapalino con cuatro millones de pesos.

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