• Juan Rincón Vanegas @juanrinconv

Hortensia Lanao de Rozo pidió borrar la violencia del Valle



Hortensia Lanao. Foto Cortesía

‘Chenchita’, como le dicen sus nietos, ganó el concurso de la Canción Vallenata Inédita teniendo como título la pregunta: ¿Qué hago Señor?


La noche del domingo 30 de abril de 1995 la educadora y compositora nacida en Santa Marta, Hortensia Lanao de Rozo, quien contaba con 67 años, se convirtió en la primera mujer en ganar el concurso de la Canción Vallenata Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata, competencia que desde el año 1969 ostentaban los hombres, comenzando por el cantautor Gustavo Gutiérrez Cabello.


Precisamente, sobre la tarima ‘Francisco el Hombre’ de la Plaza Alfonso López, y como lo hacía en sus años de docente, ella dictó en cuatro minutos y 30 segundos la clase que tituló con una pregunta: ¿Qué hago Señor? En ese canto puso en primera fila su inmensa tristeza por el asesinato del dirigente político Milciades Cantillo Costa.


La historia de la canción comenzó, cuenta su hija y fiel compañera Rocío Rozo Lanao, cuando acongojada se hizo el interrogante sobre qué hacer ante la violencia que se adueñaba de Valledupar, su Valle querido. Para darle salida a su inquietud, en una hoja de cuaderno escribió los versos, a los cuales les fue dando forma hasta que en poco tiempo estuvo lista con su propia melodía.


La inspiración a esa mujer llena de talento y virtudes, la sorprendió una tarde a comienzos del mes de abril. Desde ese momento fueron saliendo muchas frases llenas de dolor, de sentimiento y de paz que ella supo unir con fe, corazón y lágrimas para que rimaran y al cantarla, llevara el mensaje adecuado. Pero, más que todo, la suya era una oración.


“Después de hacer la canción, a mí mamá la animaron para que la inscribiera en el Festival Vallenato próximo a realizarse. No lo pensó mucho porque era el escenario preciso para dar cuenta de aquel hecho triste. La inscribió y con mucha fe esperó el momento de la selección e interpretación. Cada vez que se hacía llamaba la atención hasta llegar a la final”, manifestó su hija Rocío.


Tristeza y reflexión


Aquella noche vallenata, cuando se sabría quien ganaría entre los cinco finalistas del concurso, ella fue vestida de rojo para no estar de luto, como si lo estaban los versos de su canción. Tuvo la serenidad necesaria y volvió a estar llena de fe hasta cuando el jurado le otorgó el primer puesto. Era la primera reina de la canción en toda la historia del Festival de la Leyenda Vallenata. Ese año, se inscribieron un total de 234 canciones.


Después del triunfo, sus primeras palabras fueron para darle gracias a Dios porque su mensaje musical lleno de tristeza y reflexión había logrado el objetivo. Agradeció a los intérpretes, especialmente al cantante Erick Escobar, quien supo darle con su voz la medida justa.


La canción da cuenta de aquellos bellos días que se vivían cuando hasta el sol sonreía, pero llegó el luto y borró los momentos de felicidad, al llegar la incertidumbre y el miedo. Entonces, la compositora rodeada de la desesperanza miró al cielo buscando la salida de ese camino incierto. “Es mi pueblo, pueblo de mis ensueños, ese que tanto quiero y hoy veo sufrir. Ya no soporto tantas desdichas, las injusticias que hacen llorar”.


El cantante y corista Erick Escobar recordó aquellos instantes. “Hortensia, mujer cariñosa y educadora, llena de grandes virtudes me confió su canción que narraba un hecho real, donde hacía un llamado a regresar a la paz que se había perdido. El mensaje pretendía desterrar la violencia de este territorio. En ese sentido, el jurado copió el mensaje y le otorgó el primer puesto”.


La canción ganadora ‘¿Qué hago Señor?’ Erick Escobar la interpretó acompañado del acordeonero Nayit ‘Nayo’ Quintero García, y tiempo después fue llevada a la pasta sonora con total aceptación.


‘Chenchita’


Hortensia, madre de siete hijos (Rosalba, Ramona, Rosa, Carlos, Ruby, Rocío y Ricardo Rozo Lanao), a quien sus nietos le dicen ‘Chenchita’, al cabo de algunos años decidió tomar los caminos de Dios. Atrás, quedaron esas canciones de realidades y tristezas pasando a convertirse en alabanzas. En el círculo divino puso su corazón. “Desde que conoció el amor de Dios, todos sus versos los direccionó en ese sentido”, anotó su hija Rocío.

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