• Redacción Nicho Cultural

‘Wunyaasüü’: la muerte de los niños se llevó los sueños de las mujeres


El agua del manantial ya no es pura, como tampoco lo son el aire ni el entorno en el que vivían los niños. Por eso cuando bebieron de ella, buscando calmar la sed, encontraron la muerte. Tequiara y Jasai encontraron los cuerpos sin vida y experimentaron un dolor tan profundo que les arrancó los sueños, que eran la brújula que guiaba a la comunidad en su andar colectivo y que, al desaparecer, la dejó sin norte.


En una letanía, Tequiara, Las mujeres clamaron infructuosamente a los espíritus, al viento y al sol que les den sueños, mientras la comunidad permanecía en vilo, debajo del árbol sagrado, elevando cantos ancestrales para que los sueños regresaran; pero los sueños no llegaron, como sí lo hizo una tormenta de arena que acentuó la terrible premonición y ahogó a Tequiara en una mar de llanto. Los pütchipü'ü (palabreros) llevaron la palabra a los dueños de la mina de carbón, en in intento de lograr que frenaran la contaminación que ha traído tanta calamidad a sus vidas, pero tampoco lo lograron. Entonces también la esperanza del pueblo, así como los niños y los sueños de las mujeres, desapareció.


Esta es la sinopsis de Wunyaasüü: Tener sed, un cortometraje con trazos de ficción, que transcurre en el territorio wayuu, en La Guajira, Colombia, sitio de operación de Cerrejón, considerada la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo. La actividad de extracción minera en esta región ha causado una devastación no solo sobre en ecosistema sino también sobre la vida de la gente, sobre lo cual existe abundante literatura.


En el informe ‘Minería, conflictos agrarios y ambientales en el sur de la Guajira’, publicado en 2016 (para citar un ejemplo), el Cinep-programa por la paz expone ampliamente los impactos de la minería sobre las poblaciones aledañas a los proyectos; en estos impactos están, por supuesto, las afectaciones al agua y al aire, derivadas de las actividades extractivas en este departamento:


En términos generales, se han identificado cuatro tipos de vulneraciones a este derecho: i. La contaminación de fuentes hídricas. ii. Las limitaciones de acceso a fuentes hídricas como ríos, arroyos, jagüeyes y pozos por parte de las comunidades, debido a la presión de terceros, cercamiento y cierre de vías y caminos tradicionales, o el cierre de sistemas tradicionales de abastecimiento de agua para las comunidades; bocatomas para los micro acueductos veredales y para los sistemas tradicionales de abastecimiento de agua. iii. La pérdida progresiva o total de fuentes hídricas abastecedoras de agua potable y de uso doméstico o productivo, a causa de la disminución de caudal, desaparición de fuentes hídricas, desvío y/o modificación de cauces de ríos y arroyos y del agotamiento de las aguas subterráneas por profundización de los tajos mineros que alteran el nivel freático. iv. Los problemas de abastecimiento de agua para proyectos productivos y gestión de sistemas de recolección, almacenamiento y distribución de agua potable, abastecimiento que depende de la empresa”.


Es a estos impactos sobre la vida y la salud de la gente a los que se refiere Wunyaasüü, enriqueciendo el proyecto fílmico con la dimensión espiritual, lo cual es explicado en la presentación del mismo: “a las mujeres Wayuu les pasa algo más: ellas dejan de soñar y en su cosmovisión, los sueños son un oráculo para la toma de decisiones de la comunidad”.

Imágenes del film. Foto Cortesía.

Wunyaasüü tiene una duración de 15 minutos; es dirigido por el guionista, montajista y director Jaime Lara Díaz, producido por la soñadora, madre y productora Paola Andrea Castaño Londoño, co-producido entre la compañía caleña OjoAgua Cine de Gerylee Polanco Uribe, y la bogotana Mito Estudio Creativo. Cuenta, además, con socios para diversos procesos de la posproducción como el Politécnico Gran Colombiano y el Conservatorio de Música de Massy - Francia.


Cuando conocimos la historia de la comunidad Wayuu nos conmovió, no sólo el hecho de que la poca agua que hay en esta zona desértica esté contaminada, sino que un acto tan vital como soñar se perdiera en el alma de las mujeres al experimentar la muerte y la impotencia ante el extractivismo del territorio. Una problemática histórica que no es solo ambiental, sino que es social, confirma las desigualdades existentes con las comunidades indígenas”, relatan los miembros de la producción.


Para el desarrollo de este proyecto, contaron el apoyo del Clan Ibarra, quienes aportaron sus saberes, y sus testimonios para gestar el cortometraje junto a ellos, su territorio. “Apostamos a una narrativa híbrida que transitará entre la ficción y el documental, nuestros personajes serán los mismos habitantes de la comunidad y las acciones relatadas están basadas en la realidad de su cotidianidad”.

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