• María Mosquera

Rafael Orozco, un recuerdo sempiterno


Rafael Orozco. Foto Cortesía

A una superficie aproximada de 1.200 kilómetros cuadrados, en el centro del departamento del Cesar, se le conoce como Becerril, un municipio que su posición geográfica la potencializa con abundante riqueza en suelos, fauna, hermandad y cultura, esparciéndose esta última, hasta la saciedad por diferentes vertientes.


El desarrollo socioeconómico del municipio esta fusionado con la productividad agrícola, la ganadería, las expresiones culturales y, por supuesto, el tesoro enterrado llamado carbón que, pese a los grandes beneficios que percibe el gobierno nacional por la extracción del mineral, los perjuicios que padecen las comunidades asentadas en poblados circunvecinos son gigantescos.


Después de vivir una época de ‘terror a cielo abierto’, de abundantes desplazamientos, muertes y amenazas, que perforaron la tranquilidad en Becerril, de la misma forma que lo hacían las compañías mineras con el subsuelo, los becerrileros activaron fuerzas para armar los retazos de alegrías que aún conservan, y festejar, rindiendo culto a su santo patrón o a sus personajes ilustres, para lo cual organizan festivales y conmemoraciones.


Los primeros días de febrero de cada año se realiza la fiesta patronal del municipio, en honor a la Virgen de la Candelaria, una advocación mariana de la religión católica, cuya etimología se refiere a la luz santa que guía hacia el buen camino y la redención. En este marco conmemorativo, se lleva acabo el festival de la Paletilla con más de 49 años de antigüedad, el festejo incluye un reinado, competencias deportivas, corralejas, riñas de gallos, presentaciones musicales, un concurso de voz denominada ‘Rafael Orozco’, para rendir honor a un hijo de esa tierra y el traslado de una choza en hombros que simula la nómada vida de la etnia Yukpa.


Un niño lactado de inocencia


En el hogar becerrilero conformado por Rafael Orozco y Cristina Maestre nació, la mañana del miércoles 24 de marzo de 1954, Rafael Orozco Maestre un niño inquieto, con prisa por descubrir sus capacidades para ponerlas al servicio de sus paisanos. Desde una edad temprana aportaba al sustento familiar; los ingresos económicos que el niño llevaba a casa, se derivaban de la venta de agua, líquido que extraía del cauce del río Maracas para suplir la necesidad de los habitantes de un sector del municipio.


El trayecto para abastecerse del líquido lo recorría a diario sentado en el lomo de un burro. Mientras cumplía con su responsabilidad, se sumergía en ese ambiente rural campesino: la complicidad del camino, la calma de la naturaleza, las caudalosas corrientes del río, los retazos de canciones incompletos que arrastraba la brisa y los primeros dardos de amor que empezaban a germinar en el corazón, le aceleraron el sentimiento por la música y empezó a tararear versos.

Familia Orozco Cabello. Foto Cortesía.

Varios años después, se descubrió vestido de novio en una iglesia, entregando su alma en matrimonio a su novia eterna Clara Elena Cabello, el aroma de ese amor perfumo sus 38 años de vida. En adelante la pareja empezó a cimentar los sueños de Rafa y, cual esclavos de sus propias normas, con disciplina y dedicación, empezó a escalar peldaños en los escenarios, en las parrandas, en conciertos, ya fueran en su natal Becerril o, a nivel nacional; Orozco Maestre se consagró en el amplio universo del folclor como propietario de una de las voces más diáfanas del canto vallenato, compositor, cantante y cofundador de la agrupación musical Binomio de Oro de América. Su único amor germinó en tres retoños que responden a los nombres de Kelly Johanna, Wendy Yolani y Loraine.


Un recuerdo sempiterno


La voz, carisma, ternura y personalidad de Rafael Orozco Maestre perduraran indefinidamente en la memoria de los mortales, su legado cimentado de añoranzas será utilizado para hacer remembranza de un muchacho que nutrió de virtud y lucidez su voz, para cantar con una estética sublime historias de amor convertidas en canciones vallenatas.


En sus comienzos musicales Rafael Orozco quiso tocar acordeón, pero fue con su voz que iluminó su carrera artística, reseteando el sistema tradicional e imprimiendo un estilo moderno al canto vallenato; sus primeros compañeros de caseta fueron los acordeoneros Julito de la Ossa, y Luciano Poveda. En el colegio Nacional Loperena en Valledupar cursó el bachillerato y fue precisamente en esta institución donde se hizo vial su voz y estilo, al ganar el concurso de canto en una semana cultural que se conmemoró en ese entonces.


En el año 1975 la voz de ‘Rafa’ vuelve a ser tendencia en la radio, con la canción vallenata escrita por Diomedes Díaz titulada ‘Cariñito de mi vida’, interpretada con una maestría laureada por el acordeón de Emilio Oviedo, un veterano curtido en el instrumento. Meses después, coincide en un festejo rumbero con Israel Romero Ospino, un acordeonero de Villanueva en La Guajira, poseedor de un caudal de notas exquisitas e infinitas y con la misma avidez de él, de inundar el mundo con su música. Con una lucidez casi peligrosa para entenderse entre ellos y con total certeza para descifrar los sueños el uno del otro, cristalizaron con acoples perfectos la organización musical Romero - Orozco, el Binomio de Oro.


De la primera producción discográfica que hicieron juntos, impusieron éxitos como: ‘La creciente’ de la autoría de Hernando Marín, ‘Momentos de Amor’ de Fernando Meneses, y ‘La gustadera’ de Alberto ‘Beto’ Murgas, entre otros; desde ese momento hasta la muerta de ‘Rafa’, el Binomio de Oro de América cosechó en exceso éxitos que jamás caducarán; tanto así, que pasados 30 años de la muerte del cantante, se siguen escuchando en las estaciones radiales y/o discotecas.


El Binomio impone su estilo

El Binomio de Oro. Foto Cortesía.

La juventud de ‘Rafa’ e ‘Isra’, lo novedoso de la época, la voz fresca y brillante, sonidos diáfanos, un reguero de éxitos en todo el mundo, etcétera. Fueron elementos distintivos que impulsaron al Binomio a imponer su estilo y diferenciarse de las agrupaciones de ese entonces. Las presentaciones de esta dupla eran impecablemente coordinadas, los uniformes que vestían eran diseños exclusivos, zapatos lustrados y las huellas visibles del peine en la cabeza de cada uno.


El orden en la agrupación se convirtió en un modelo de vida, no se ingería alcohol mientras se cumplía una presentación, el lenguaje musical de las canciones que interpretaban, en su gran mayoría era romántico, moldearon su propia fanaticada y la acoplaron a su estilo y sin reparo de tiempo, espacio o lugar, los ríos humanos corrían de un pueblo a otro para verlos y gozar con su música.


La agrupación en su proceso de conformación como empresa, cumplía con ciertas responsabilidades, sus integrantes recibían sus salarios y prestaciones sociales, estaban afiliados a seguridad social y era una sociedad que solo podía disolverse con la desaparición física de uno de sus dos representantes legales, “eran la pureza del vallenato”, añoró uno de sus seguidores.


Las ventas de sus discos eran millonarias y la asistencia a los conciertos multitudinarios; ello, les hizo merecedores de congos y discos de oro, discos de platino, distinciones y galardones en varios países; el legado musical del Binomio elevó el estatus de pulcritud en el folclor y despejó el camino para las siguientes generaciones que alcanzaron a nacer a tiempo, para apreciar este fenómeno musical que, con corazón emocionado lloraban al recibir aplausos en cada pueblo.


Una noche sin mañana


La tarde del jueves 11 de junio de 1992, entregó su turno a la noche que se disponía a balancear la oscuridad, pues se acercaba el solsticio de verano, momento en el que un chorro de luz del sol apresurado buscaba alcanzar la máxima latitud, para alargar la duración del día y la noche solo por ese día del año. En la ciudad de Barranquilla en la residencia de la familia Orozco Cabello, se celebraba que, la primogénita de sus tres retoños cerraba con éxitos un ciclo escolar. A ese compartir, llegaron visitantes sin invitación que solicitaron hablar con el jefe del hogar en un espacio tranquilo sin testigos ni ruido, la intención era pedir un favor que fue imposible hacer y mientras ‘Rafa’ atendía la visita, diez disparos de revolver volaron con dirección inequívoca y penetraron su cuerpo.


Después de las nueve de la noche de ese jueves, el infierno del terror perforó la alegría de la fiesta y empezaron a cocinarse distintos tonos de sentimientos, rabia, dolor y sed de venganza, saltaban de una mente a otra; mientras que la noticia caminaba de prisa y sin pausa por todas las estaciones radiales y telefónicas, acompañada de las canciones del Binomio, la luna sucumbió por un agujero en silencio y en medio de ese manto de confusión empezó un remolino de multitud, que de forma exprés se acercó al lugar a buscar explicación de lo sucedido sin recibir respuesta.


Entre llanto y canto, el tufo de dolor que se sentía hasta en el aire fatigaba a los familiares, amigos, conocidos, vecinos y seguidores del Binomio, que se encontraban atrapados en una tensión amarga. La voz del ‘Rafa’ en las centenares de canciones ya grabadas, sonaban de manera ininterrumpida por todos los medios posible. Aun sin digerir la magnitud de lo sucedido, las canciones fueran románticas, alegres o jocosas, eran embutidas con una secuencia perfecta.


En medio de la dilatación inconsciente de la noche, que pareciera doblar turno; el cadáver del becerrilero que enamoró con su canto al universo entero, recorrió la ciudad de Barranquilla en medio de una caravana interminable de vehículos y peatones, para reposar en el coliseo de la ciudad; allí llegaron todos, sin distingo de reza, sexo, edad o nacionalidad; personas que en medio de la incapacidad de rendirse ante en cansancio, permanecieron enérgicas las horas siguientes.


Finalmente el féretro fue sepultado en el cementerio Jardines del Recuerdo de Barranquilla, bajo un cielo cubierto por un manto de dolor y navegando entre un océano humano que sin medir distancia ni tiempo, asistió a una despedida sin adiós.


30 años después


Las personas se van pero el recuerdo queda, de ‘Rafa’ quedó su esencia, la fuerza de su voz, la lírica de su canto, un collar de versos ricos en rimas y melodías; de Orozco Maestre quedó la reminiscencia de un hombre de genio vivo y enamorado empedernido del folclor vallenato. A ese recuerdo, se le renden honores y este 10 de junio en su tierra natal Becerril.

El evento es coordinado por la fundación para el Fomento y Desarrollo Cultural y el Centro Orquestal Sinfónico de Becerril, que preside y dirige José Salatiel Madrid, “Rafael Orozco vive en nuestros corazones y en esta fecha lo seguiremos recordando, es así como le rendiremos un homenaje para seguir perpetuando su legado”, dijo Madrid.

Las actividades incluyen: una eucaristía, un conversatorio, una ofrenda floral, una misa, una caminata y un concierto en honor al inmolado artista; participarán familiares, amigos, compositores, acordeoneros, cantantes, artistas invitados y la presentación especial de orquesta sinfónica, para lo cual está convocada la comunidad en general.


Programación

José Salatiel Madrid y su escuela de música. Foto Cortesía.

La programación se llevará a cabo en la plaza principal del municipio de Becerril este viernes 10 de junio de 2022, próximo a cumplir 30 años de la muerte del ídolo vallenato; a partir de las 3:00 de la tarde se dará comienzo a las actos con una eucaristía a cargo del párroco Aldemar Ardila Duarte, seguidamente las palabras del coordinador del homenaje José Salatiel Madrid y el alcalde municipal Raúl Machado Luna.


Seguidamente una presentación musical a cargo de los hermanos Andrés Eduardo y Jorge Andrés Orozco Díaz, quienes interpretaran dos temas ‘Sombra perdida’ y ‘Cómo te quiero’; posterior a ello, las intervenciones del acordeonero Emilio Oviedo Corrales y el compositor e historiador Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa.


Luego un concierto sinfónico en el que participaran con sus voces: Fernando Meneses, Andrés Portillo Córdoba, Jonathan Bornacelli y Jorge Aragón Orozco. Los actos finalizan con una ofrenda floral en el monumento de Rafael Orozco, ubicado en la plaza principal y una marcha que partirá del lugar.


Invitados hicieron parte en la vida musical de ‘Rafa’


Para el conversatorio está confirmada la participación de Tomas Darío Gutiérrez Hinojosa, paisano de Orozco Maestre, es abogado, poeta, historiador, escritor, folclorista, ambientalista, catedrático y compositor de música vallenata. Tomas Darío fue ganador de la modalidad de canción inédita del festival vallenato con la canción 'Voz de Acordeones', un paseo vallenato en el que narró el horror que lo orilló a hacer un canto con sentimientos cruzados de rabia, tristeza y desconsuelo, ante la partida de su colega y amigo asesinado Octavio Daza.


Emilio Oviedo Corrales o ‘El Comandante’ es un veterano acordeonero de mil batallas; desde que se conoció su fama en la ejecución del instrumento, su labor fue como un examen de admisión para decenas de cantantes que querían incursionar en el mundo folclórico; Oviedo Corrales le dio impulso a varios cantantes que a la postre formaron agrupaciones de éxitos; entre los que se cuenta a Orozco Maestre con quien grabó dos producciones musicales. Emilio Oviedo participó cuatro veces en el festival vallenato y fue coronado como el primer rey de la categoría acordeonero semiprofesional, que desapareció para darle paso a la de aficionado, desde la distancia de las tarimas enseña a niños, jóvenes y adultos el arte de ejecutar un acordeón.


Esteban ‘Chiche’ Ovalle es un villanuevero que empezó su carrera artística haciendo coros en la agrupación de Jorge Oñate (q.p.d), en el año de 1976 es llamado por Israel Romero Ospino y Rafael Orozco Maestre para hacer parte de la agrupación ‘El Binomio de Oro’ donde permaneció por más de 15 años. ‘Chiche’ Ovalle es autor de muchos éxitos interpretados por diferentes grupo vallenatos, se ganó en concurso de canción inédita en el festival Cuna de Acordeones, en Villanueva La Guajira en el año 1985 con la canción ‘Fue Aquella Tarde’; una mañana cualquiera decide acompañar a su esposa a la iglesia y descubre que la palabra de Dios le hervía el ánimo con tal fervor que a la fecha, ese romance cristiano permanece sin amagos de variación.


El Centro Orquestal Sinfónico Rafael Orozco, es una fundación social que fomenta la cultura y las artes en el municipio de Becerril, el objetivo para su creación fue fortalecer y brindarle soporte jurídico a los procesos que se venían desarrollando en el pueblo cinco años atrás y que representan la cultural del centro del Cesar. Aparte de las presentaciones en los diferentes eventos a los que acuden, el Centro Sinfónico desarrolla un proceso de formación para niñas, niños y jóvenes en varios géneros musicales como: vallenato, tambora, cuerdas frotadas y pulsadas, técnica vocal y los procesos de banda sinfónica, iniciación en banda y en pre-banda.


Familiares, amigos y vecinos que acudirán al homenaje también harán parte de las actividades a las cuales están invitadas las autoridades civiles, militares y comunidad en general.

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