Estampas tristes deja Carlos Melo Salazar

 

Natural, según el diccionario de la Real Academia Española, significa sin mezclas ni alteraciones a su pureza. Y así fue Carlos Alberto Melo Salazar, un hombre sencillo, pulcro y servicial, que con voz calmada y convicciones firmes se dio a conocer como el locutor de la Radiodifusora Nacional de Colombia que por más de medio siglo sedujo audiencias en el mundo, a las que ilustraba con sus estampas vallenatas, las mismas que hoy se enlutan de tristezas y nostalgias por su adiós.

 

Su despedida, el pasado 10 de junio, fue sin canciones, sin historias, sin parrandas, pero con miles de adioses que, por culpa de la actual pandemia, sólo fueron posibles desde las distancias que son hoy la realidad de sus amigos, seguidores y admiradores. Deja un gran vacío un hombre de radio, de amigos, de abrazos y risas que, siendo erudito de boleros y declamador de poesía, se enamoró del vallenato en la década del sesenta cuando se adentró en la historia y personajes de este folclor.

 

En 1968 comenzó su primer programa ‘Concierto vallenato’ en Radio Juventud, de Bogotá. A principios de ese año había nacido en Valledupar el Festival de la Leyenda Vallenata; ciudad y certamen que conoció dos décadas después, en 1986, siendo inevitable que germinara en su corazón un amor profundo por dicho folclor y todo lo que lo rodea.

 

Ese año llegó a la radio Difusora Nacional de Colombia y emprendió su misión de embajador de esa cultura, a través de su programa Estampas Vallenatas, visitando cada mes de abril la capital del Cesar, para transmitir los detalles de la fiesta, y regresar a su morada en Bogotá, preñado de vivencias e historias; periplo que continuó cumpliendo hasta que sus fuerzas se lo permitieron, en 2004, cuando una orden presidencial terminó la estación radial.

 

Desde hace 14 años, Melo Salazar estaba alejado físicamente de la radio, aunque en su casa sonara todo el tiempo. A sus 75 años, el asma, patología con la que convivió desde niño, le ganó la batalla por la vida, en su casa donde permanecía al cuidado de su esposa, con quien engendró tres hijas. Allí, casero, tranquilo y sin afán, como fue la mayor parte de su vida, llegó su despedida.

 

Promotor de la Cultura

 

Pese a que en vida fueron pocos los reconocimientos que recibió Carlos Melo por su trabajo en defensa de la cultura Caribe colombiana, sí fue un ícono nacional e internacional, por el apoyo y difusión permanente. Así lo referencian cientos de escritos en revistas, periódicos y en la web, espacios radiales dedicados a reconocer la historia de un hombre que su humildad le hizo grande.

 

De su natal Santa Marta cargaba el encanto tropical caribeño, ese mismo que mezcló con el sonido de los acordeones, la caja y la guacharaca para izarlos en los cerros andinos de la capital del país; mismos que desde ahí, bajaban a las frías calles capitalinas a través de las ondas hertzianas de las emisoras en las que laboró. Sones, puyas, paseos y merengues, poesías que describían las vivencias de poetas que le cantan al amor, a la vida, a la mujer, al amigo, al compadre o a una parranda. Se puede decir que Melo Salazar estudiaba cada letra de la canción y dando crédito al compositor hacía remembranzas y exponía las características melódicas de la canción.

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