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Panela kankuama, sustento y tradición comunitaria en Chemesquemena

  • Foto del escritor: Redacción Nicho Cultural
    Redacción Nicho Cultural
  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

Troja panelera. Foto: Sherowiya
Troja panelera. Foto: Sherowiya

Para nosotros, la panela es una bendición”. Esta una respuesta común cuando se indaga por el significado de la panela para las comunidades de Chemesquemena, en el resguardo indígena kankuamo en la parte alta de la Sierra Nevada, en jurisdicción de Valledupar-Cesar.

 

La frase encuentra su sentido cuando se llega al territorio, pues estar en Chemesquemena es respirar el aire fresco que provee la Sierra a 1.200 metros de altura, experimentar el paisaje de las altas montañas y conectar con las cristalinas aguas del río Guatapurí que a esas alturas hielan la piel al contacto; pero es, sobre todo, aprender el significado cultural, social, ancestral y económico que para la etnia kankuama tiene la caña de azúcar y su principal producto: La panela.


Panorámica de Chemesquemena. Foto: Sherowiya.
Panorámica de Chemesquemena. Foto: Sherowiya.

Allí se aprende que la textura, dulzura, aroma y color de una panela están determinados por factores climáticos, de altitud que influye en el color, las características del suelo (el suelo arenoso da la panela seca, pero si es arcilloso la panela suave). También, a diferenciar la panela kankuama de cualquier otra que se encuentre en la región.

 

Hay una cosa bien sencilla en la panela kankuama: que su se echa un pedacito en agua y se hace aguapanela, enseguida mira si abajo no le queda una borra quiere decir que es una panela nuestra, limpia, sin adictivos”, explica Diomedes Rafael Arias, miembro del Consejo de Mayores, y añade que, si en la producción panelera se requiere blanquear el producto, se le agrega una planta medicinal a la miel; es decir, no se utilizan químicos ni cenizas como se encuentra en otras panelas.

 

El 90% de la población de Chemesquemena - unas 120 de 160 familias deriva su sustento de la producción de panela. “Nos llevaron a la universidad por la panela”, precisa Diomedes. Al principio, la producían para el sustento familiar y también hacían trueques o intercambios con otros pueblos de la Sierra, pero poco a poco esta dinámica se ha ido transformando y actualmente están proyectando procesar la panela para venderla pulverizada; ya cuentan con la máquina y esperan contar con la caña suficiente para poder sacar la producción y ofrecerla en el mercado.

 

18 años de celebración

 

Javier David Martínez lleva 30 años en el oficio de la panela; la siembra, corta, la arria y muele en el trapiche. Foto: Sherowiya.
Javier David Martínez lleva 30 años en el oficio de la panela; la siembra, corta, la arria y muele en el trapiche. Foto: Sherowiya.

Es por esa vital trascendencia de la panela para la comunidad que desde hace 18 años organizan el Festival de la Panela y Fiestas Patronales de San Pedro y San Pablo, como un espacio integrador que les permite celebrar su producto insigne, reunir a la comunidad en torno a él y generar acciones de salvaguardia de la tradición panelera, mediante la transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones.

 

En el Festival, que este año llegó a su décimo octava versión, se realizó entre el 26 al 29 de junio, se desarrollaron actividades culturales y deportivas, centradas en las prácticas que rodean la panela y la exposición de productos derivados de la caña como miel, alfandoque, panelas saborizadas e incluso las trojas que están construidas con guadua, lata y techo de cogollo de caña, y que son los espacios de exposición de los productos derivados de la caña de azúcar, artesanías como mochilas en fique y lana, así como algunos alimentos de pan coger como plátano, guineo y aguacate, entre otros.

 

El festival, amenizado con gaita y chicote, es el espacio para premiar el ingenio y la diversidad: el mejor cultivo de caña, el alfandoque, panelas saborizadas con coco, limón jengibre y trifásica. Se realiza, además, el concurso del burro panelero, la mejor terraza decorada, juegos y rondas tradicionales, y se aprovecha la ocasión para vender miel con sabor a pina, batidillo e innovaciones de productos extraídos de la caña, como el sinigual guarapo.

 

Los homenajeados. Foto: Sherowiya.
Los homenajeados. Foto: Sherowiya.

Este año, el certamen rindió homenaje a dos hijos queridos de la población: a la Matrona Nuris Elena Rincones Arias y José Alberto Gutiérrez, quien se mostró feliz y agradecido por el cariño que le profesa su pueblo: “Muy satisfecho porque la comunidad he sentido que me adora con todo el corazón y ese es el homenaje más bonito que me pueden hacer. Es algo muy grande que uno no lo espera. Uno cree que no merece que una comunidad se haya reunido para homenajearlo. Yo pregunté: ¿pero sí todos estaban de acuerdo?, y dijeron no, algunos no; entonces pregunté que porqué y dijeron que porque después te mueres (risas)”. 



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